Bad Bunny, el astro de la música latina y del mundo, pasó de empacar compras en un supermercado de Puerto Rico a conquistar en pocos años uno de los más grandes escenarios de la historia: el Super Bowl.
Aquel artista que en el 2018 se presentó por primera vez en Costa Rica, en un espectáculo que tuvo altos y bajos (y muchos problemas), es el mismo que este domingo 8 de febrero llevó con orgullo sus canciones completamente en español al show del medio tiempo de la final de la NFL, un espacio en el que han brillado grandes estrellas como Michael Jackson y Prince. Allí, Benito Antonio Martínez Ocasio, su nombre de pila, marcó un hito en la historia de la música.
Mucho ha cambiado a lo largo de los años, pero lo que es definitivo es que Bad Bunny es hoy por hoy uno de los más grandes personajes de la música internacional y así lo demostró en el partido del domingo.
Para recordar ese proceso de crecimiento de Bad Bunny, en esta nota repasamos ese primer show que dio el boricua en Costa Rica, efectuado el 25 de noviembre del 2018, en el Tajo del Parque Diversiones. Desde entonces ha vuelto dos veces más, cuando cantó en el Estadio Nacional en el 2022 y 2025.
El siguiente texto es una crónica del periodista Andrés Díaz, reportero de La Nación que vivió ese debut del puertorriqueño, en un escenario tico en el que hubo varios problemas de producción. A continuación replicamos sus palabras.
Todo lo que salió mal en el concierto de Bad Bunny en Costa Rica (el del 2018)
Varias cosas salieron mal durante la primera visita de Bad Bunny a Costa Rica, el domingo 25 de noviembre del 2018. Para empezar, la Municipalidad de San José le prohibió a la productora Primo vender licores en el Tajo, la inmensa explanada aledaña al Parque Diversiones donde se desarrolló el recital. Además, el artista puertorriqueño salió tarde a escena: tras los artistas teloneros, su aparición estaba anunciada para las 8 p. m., pero ya eran las 8:30 p. m. del domingo y los 9.000 asistentes empezaban a desesperarse, especialmente los padres de familia que acompañaron a sus hijos pequeños. El ambiente estaba denso y los celulares ya se estaban descargando.
Con 38 minutos de atraso, por fin salió el conejo. La prensa y algunos espectadores estábamos ubicados en una tarima levantada para la ocasión en el área VIP. Cuando el cantante empezó su actuación, como era de esperarse, todos los que estaban en esa estructura se aproximaron tanto como podían al frente, probablemente para reflejar el espectáculo en una historia de Instagram.
De pronto la tarima VIP se empezó a tambalear. Cuando el conejo interpretaba su tema Estamos bien, nosotros estábamos muy mal. “¡Esto se va a caer!”, gritó una mujer. Hubo caos. Los oficiales de la empresa de seguridad privada Isaseca ingresaron a la tarima y empezaron a sacar a los que estaban dentro, algunos de ellos recurriendo a empujones y golpes. Su agresividad era innecesaria.
El ambiente se tornó hostil y muy lejano a lo que prometía la entrada VIP (¢40.000). Al final, todos los que tenían boletos para la sección más exclusiva terminaron sobre el asfalto de el Tajo del Parque Diversiones, junto a los que pagaron la entrada general y más barata. Cuando me acerqué al tumulto para averiguar lo que pasaba y me identifiqué como prensa, uno de los encargados de seguridad de Isaseca me pidió mis credenciales.
Cuando le dije que representaba al diario La Nación, me tomó por los hombros y en medio de insultos le encargó a dos de sus subalternos que me sacaran del centro de eventos. Mientras era escoltado a la salida, uno de los oficiales me advirtió al oído: “Vea pa, si usted vuelve a poner un pie aquí lo vamos a revolcar a pichazos”. Mientras todo esto ocurría, el puertorriqueño de 24 años interpretaba su tema Solita, la quinta canción de la accidentada jornada.
Otra de las que resultó lastimada por los oficiales de seguridad fue la espectadora Francine Rodríguez Sánchez, quien fue golpeada por una oficial, quien la acusó de portar drogas. “No he agredido a nadie para que me estén sacando en contra de mi voluntad. Cuando les dije que los iba a grabar me metieron tres golpes en el ojo”, mencionó la joven de 26 años, quien aseguró que interpondría una denuncia por la agresión en el OIJ. Al igual que ella, muchos jóvenes tuvieron una mala experiencia debido al mal trato por parte de la empresa de seguridad privada Isaseca, según pudo corroborar en el sitio el equipo de La Nación.
La posición de la productora
Tras los incidentes, Primo Entertainment, productora responsable de traer a Bad Bunny, lamentó la situación, según lo externado por su vocero de prensa, Juan Carlos Peña. “En determinado momento, por temas de seguridad se tomó la decisión de desalojar a algunas personas que estaban en la tarima VIP. Esto generó un enfrentamiento entre algunos asistentes que no querían bajar y los oficiales de seguridad. Es política de Primo tomar cualquier medida de seguridad para salvaguardar la integridad de los que están en el evento”, comentó Peña a nombre de la empresa, la cual ha producido en nuestro país espectáculos de Ricardo Arjona y el Circo del Sol.
La Nación intentó conocer la versión de la empresa de seguridad privada Isaseca; sin embargo, el encargado, identificado como Alexánder Pérez, se limitó a disculparse, pero prefirió no ahondar en los hechos ocurridos durante el concierto de Bad Bunny, pues están “preparando el informe”.
